A finales del siglo XIX y entrado el siglo XX se produjo en la música culta española una clara tendencia nacionalista, iniciada por el músico catalán Felipe Pedrell, el creador de la musicología moderna en España, y seguida, entre otros, por Isaac Albéniz, Enrique Granados, Manuel de Falla y Joaquín Turina. Después, ya entrado el siglo XX, esa tendencia nacional alcanzó también a la canción popular.

 

La copla nació así dentro de un movimiento músico-cultural más amplio, pero típicamente español, y su característica principal fue sumar una música comprensible para el pueblo y una letra en la que se concentrara en unos pocos versos todo el contenido de una novela, de una comedia o de un drama.

 

La copla en su letra cuenta siempre una historia y lo hace con planteamiento, desarrollo y desenlace. El inicio de la copla puede encontrarse en 1921 con La cruz de mayo, de Valverde y Font de Anta; y Los Años de Oro acaso comienzan en 1928 con Manolo Reyes, letra de Rafael de León y Kola y música de Quiroga. Sólo en ese ambiente de música popular tienen pleno sentido los cinco discos grabados en 1931 por Federico García Lorca y La Argentinita, titulados en conjunto Colección de Canciones Populares Españolas. Las canciones populares de García Lorca se insertan en un momento en el que la copla estaba comenzando a sonar y se estaba convirtiendo en la música del pueblo.

 

Iniciada en los años veinte la copla se consagra en los treinta, en los años de la II República, cuando se escriben desde Mi jaca y La bien pagá (Perelló y Mostazo) hasta María de la O, ¡Ay Maricruz! y Ojos verdes (Valverde, León y Quiroga), por ejemplo. La copla nunca se signifi có políticamente y por eso se oyó en los dos lados de las trincheras durante la Guerra Civil.

 

En los años cuarenta y cincuenta la copla sencillamente continuó; no hay un antes y un después de la Guerra Civil; ésta no señala frontera alguna; se trató entonces de seguir el camino ya abierto durante la II República. Las coplas se compusieron entonces por centenares, aunque hay que destacar la labor de dos tríos; uno integrado por Quintero, León y Quiroga y el otro por Ochaíta, Valerio y Solano.

 

Y en los años sesenta lo mismo que le sucedió al bolero y al tango- llegó el atardecer de la copla. Las nuevas condiciones socio-económicas y culturales llevaron a la música popular por otros derroteros. Este libro atiende, pues, a Los Años de Oro; a aquellos que van desde 1928 con Manolo Reyes, hasta 1958 cuando la voz de la copla, Doña Concha Piquer, dejó de cantar en público.

¿Cuál que la primera copla?
Diferencias entre copla y flamenco?

El autor no duda en afirmar que el primer pasodoble, la primera copla conocida fue, en realidad, Suspiros de España, del maestro Antonio Álvarez Alonso. Una pieza compuesta en 1902, a la que pondría letra su amigo José Antonio Álvarez, y que sería estrenada por la banda de la Marina de Cartagena,

Hay muchas diferencias, pero vamos a citar las más “comprensibles”: el flamenco se refiere tanto al toque como al cante y al baile; mientras que la copla sencillamente se refiere a un tipo de canción.

Los libretos de este género ahondan en las pasiones humanas, generalmente con carácter narrativo. Las letras de la copla clásica despliegan historias de sentimientos desbordados, amor, el desengaño, los celos, la tristeza o la alegría en los que los personajes se ven superados por unas pasiones que no pueden ni quieren controlar.

 

En muchos casos se evocan personajes sombríos e imágenes violentas, en otros resignado sufrimiento y honda tristeza. La estructura de las estrofas tiende el ritmo A-B-C-B. Hay letras brillantes en la historia de la copla, siendo las más habituales las historias hiperbólicas, que se desarrollan en pocas estrofas hasta su desenlace final. Son de temática costumbrista, con referencias aportadas por los autores de las letras de la generación del 27 en cuanto a la tauromaquia o lo gitano.

 

Vocalmente, requiere de intérpretes con gran control de la proyección del aire para lograr una voz potente con dominio del virato, siendo estas dos sus principales facetas. Generalmente se hace uso del acento andaluz, aunque no siempre es así, habiendo salido grandes intérpretes de toda la geografía española. La textura tiende a ser aflamencada, sin jondura, si bien importantes intérpretes, como Concha Piquer, se han formado en la tradición lírica otorgando a la Copla un carácter académico próximo al virtuosismo operístico.